dissabte, 12 de març de 2011

Sobre la medición del paro: paro registrado, EPA y más allá


Frecuentemente encontramos referencias (ya sea en periódicos, informativos o declaraciones gubernamentales) sobre la situación del paro en nuestro país, comunidad o municipio. A menudo asimilamos esa información sin más, sin profundizar en qué dicen exactamente esos datos y en qué dejan fuera. El análisis del mercado de trabajo es, sin ninguna duda, complejo. Sin embargo debemos prestar atención a lo que estamos oyendo para aproximarnos de manera más certera a la verdadera dimensión del fenómeno. A principios de cada mes solemos leer en los periódicos los datos de las personas registradas como paradas en las oficinas de empleo. Cada tres meses esos mismos periódicos nos hablan de las personas en situación de desempleo según la Encuesta de Población Activa. Miramos ambas cifras y no coindicen. Sin embargo, todas son estadísticas oficiales. Entonces, ¿cómo es posible que no coincidan, si supuestamente estamos hablando de lo mismo?

La respuesta: el paro es, como cualquier otro fenómeno social, un hecho construido. Es decir, el paro existe en función de qué es lo que nosotros definimos como desempleo. Con esta entrada pretendo explicar de manera sintética las diversas maneras que tenemos de aproximarnos al fenómeno del desempleo a través de las estadísticas oficiales.

Las distintas maneras de medir el paro.

Básicamente, hay tres maneras de medir el paro de una población determinada.

La primera de ellas, son las operaciones censales. Esto es, cada vez que se realiza un censo de población, se pregunta a la gente por su situación respecto al mercado de trabajo. La gran ventaja de este método de medición es que los resultados suelen (o solían, porque el próximo censo de población en España no se realizará de la misma manera) ser exhaustivos para todos los municipios y regiones. El gran inconveniente es que los censos se realizan cada diez años y los datos recogidos no se publican hasta pasados varios meses (años) después de su recogida, con lo cual suelen estar bastante desfasados y no resultan demasiado útiles de cara al análisis de la situación actual. Por este motivo, dejaremos de lado la aproximación a través de los censos.

La segunda manera de medir el paro es a través de encuestas. Esto significa que a partir de una encuesta por muestreo se dan los datos del paro estimado (y de los demás aspectos sobre la participación en el mercado de trabajo) para el conjunto de la población. La encuesta más conocida y la que sirve de referencia en el estado español, es la Encuesta de Población Activa (EPA). La gran ventaja de la EPA es que sigue los estándares europeos sobre estadígrafos del trabajo y, por tanto, es comparable con el resto de países. Su principal inconveniente es que, por el hecho de ser una encuesta, está diseñada para el ámbito español y comunidades autónomas, y su significación estadística disminuye a medida que disminuye el ámbito geográfico, hasta el punto que es imposible tener datos significativos para zonas pequeñas como por ejemplo los municipios. Siempre se podría hacer una encuesta específica para un municipio, pero normalmente el coste es tan alto que sólo se hace en contadísimos casos.

La tercera manera de medir el desempleo es a través de registros administrativos, esto es, a través de las estadísticas del paro registrado en las oficinas públicas de empleo. La ventaja principal de estas estadísticas es que es un registro de acceso inmediato y que los datos tienen una gran desagregación municipal (hay datos para todos los municipios de España). Los inconvenientes son que la definición de desempleo no se corresponde con los estándares que utiliza la EPA, que no todo el mundo se registra en las oficinas públicas y que el registro en las mismas puede estar condicionado (a la percepción de prestaciones públicas, a la edad, a la conveniencia de apuntarse, al conocimiento de los recursos públicos de empleo, a la desconfianza en los mismos, etc.)

Cabe decir que también podemos encontrar otros datos, publicados por la oficina estadística de la Unión Europea, EUROSTAT, que son una combinación de la definición EPA con la tendencia mensual del paro registrado.


Principales diferencias entre el paro de la EPA y el paro registrado.

Fundamentalmente, hay dos grandes tipos de diferencias entre el paro estimado (EPA) y el paro registrado (oficinas de empleo): de tipo conceptual y de tipo metodológico.

Diferencias conceptuales:

El paro estimado responde a los requisitos de la encuesta para considerar a una persona como desempleada (estar sin trabajo en el período de referencia de la encuesta, tener entre 16 y 74 años, estar disponible para aceptar un trabajo y estar buscándolo de manera activa –haber hecho alguna gestión directa en las últimas cuatro semanas antes de la encuesta-).

El paro registrado responde al registro en las oficinas públicas y al cumplimiento de una serie de requisitos (no estar buscando un empleo coyuntural, no ser estudiante a tiempo completo, no tener más de 64 años, no participar en actividades formativas becadas y buscar un trabajo a tiempo completo).

Según estas diferencias de concepto, es decir, de qué se considera estar parado, se pueden dar casos en los que personas que según la definición de la EPA se consideran paradas, no estén registradas en las oficinas de empleo, y también el caso inverso, que personas que estén registradas en las oficinas no se consideren paradas según la EPA porque ésta las considera inactivas (si no cumplen el requisito de la búsqueda activa de empleo en las últimas cuatro semanas).

Diferencias metodológicas:

La EPA es una encuesta por muestreo, es trimestral, no ofrece datos municipales, y el resultado de sus datos de paro está condicionado a la definición que se utiliza.

El paro registrado es un registro administrativo, es mensual, sí que ofrece datos municipales y el resultado de sus datos está condicionado a la inscripción en el registro y a las características del mismo (es un mero registro de la Administración, aunque sus datos se exploten estadísticamente).

Entonces, ¿qué datos son los “buenos”?

Los dos, y ninguno al mismo tiempo. Y, como decía una antigua profesora mía de demografía, lo mejor que podemos dar en estos casos es la respuesta gallega: depende. ¿Y de qué depende? Pues de según cómo se mire, que ya se encargó de repetirlo hasta la saciedad Pau Donés :) Como hemos dicho al principio, los datos del paro son construidos, es decir, responden a una aproximación “estadística” a lo que es el fenómeno del desempleo. Cada uno da una perspectiva y cada uno tiene sus virtudes y limitaciones, que son las que hemos explicado anteriormente. Su uso debe de ser complementario y no excluyente, pues cada uno nos da una aproximación por su parte. Si bien es cierto que hay diversos estudios que dicen que ambos, en lo que respecta a su evolución temporal, se aproximan bastante bien a la tendencia del fenómeno real, cada uno por su cuenta no deja de tener sus pros y sus contras.

La definición del paro como “no empleo”.

Dicho todo lo anterior, una de las principales críticas de ambas estadísticas es que sólo miden el fenómeno del desempleo como contraposición a tener un empleo en el mercado laboral, es decir, a no tener una ocupación remunerada. Este hecho no es baladí, pues tanto las estadísticas del paro estimado de la EPA como del paro registrado de las oficinas públicas de empleo dejan de tener en consideración otras formas de trabajo que la estadística “oficial” no considera como trabajo “auténtico” por no formar parte de la llamada economía “formal”, esto es, el trabajo voluntario, el trabajo doméstico (o reproductivo, o como se le quiera llamar) y otras formas de trabajo humano que quedan fuera del mercado.

Material para profundizar.

Esta entrada (a pesar de su extensión) pretende simplemente ser una explicación a tono divulgativo de las peculiaridades del análisis del empleo y, sobre todo, del desempleo. Para entrar más en materia, adjunto algunos artículos que analizan mucho más en profundidad el tema:

Para las diferencias entre las distintas maneras de medir el paro:
¿Por qué el paro de la EPA es distinto al paro registrado? José Ignacio Pérez Infante.

La medición del paro: el paro de la EPA y el paro registrado. José Ignacio Pérez Infante.

¿Por qué el paro registrado supera al paro de la EPA? José Ignacio Pérez Infante.

Anàlisi de les diferents fonts de quantificació de l'atur. Anna Tarrach i Colls.

Comparación de datos de empleo y paro. Instituto Nacional de Estadística.

Para una crítica a la manera de medir la “no ocupación”:
Hacia una nueva metodología para el estudio del tiempo y del trabajo. Cristina Carrasco.

Los modelos y estadísticas de empleo como construcción social: la encuesta de población activa y el sesgo de género. Cristina Carasco y Maribel Mayordomo.

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